Fiestas de hoy

La sociedad rural ha ido cambiando y modernizando sus hábitos, en la manera y en el fondo de celebrar las fiestas patronales, así como, la programación, más o menos oficial, de otras fiestas agosteras, para entretener a los forasteros del pueblo, a los vecinos forasteros, además claro está, de los residentes.

Los forasteros del pueblo, los que no han tenido otra opción que buscar un puesto de trabajo fuera del entorno o de la localidad de donde procede la familia, propia o del consorte. Son auténticos vecinos que pasan el verano o las vacaciones en su pueblo, se reencuentran con lugares, costumbres, amistades y recuerdos de antepasados. Son, indudablemente, los que disfrutan con intensidad del tiempo de verano, de la vida del pueblo. En muchos casos añoran otros tiempos, otras actividades, otra manera de cultivar el campo, de explotar el ganado, pero sobre todo, disfrutan de las fiestas patronales y de otras que organiza el ayuntamiento en honor a esos visitantes asiduos, corridas de toros, día del turista, día del mayor, bailes, pasacalles, fuegos artificiales, dianas floreadas, etc.

Hay, por tanto, fiesta del pueblo, del patrono o patrona -«la función»- y fiestas en los pueblos que se están haciendo coincidir con el verano, para disfrute de los forasteros del pueblo y los vecinos forasteros y su prole. Tanto las fiestecillas como la fiesta patronal van cambiando con la manera de vivir de una sociedad más globalizada y menos apegada a las costumbres ancestrales.

Antes, las fiestas que estaban dentro del verano, sobre todo las más genéricas como la Asunción y Santiago (en el pasado, san dieciocho de julio) eran como un oasis en las duras labores de la recolección. Otras, más locales y muy populares como San Roque, santa Águeda, el Salvador, el Carmen, San Lorenzo, San Bartolomé, San Agustín, Santa Rosa, Santa Ana, etc., suponían un descanso y, al mismo tiempo, una oportunidad de conocer y relacionarse con vecinos y forasteros. En las celebraciones había siempre una mezcla de lo religioso y lo pagano, sin poder desligar en muchos casos, donde estaba la adoración al santo y el origen de una danza ritual para expresar el estado de ánimo de la sociedad local.

Las fiestas de los pueblos han sido siempre la expresión popular que no ha tenido su esplendor mayoritario hasta la mitad del pasado siglo. En muchos de los pueblos, la dulzaina y el tambor estaban presentes desde la mañana hasta bien entrada la noche; desde las dianas y cohetes matutinos, pasando por las danzas procesionales y las vaquillas, hasta la verbena en la plaza, actos en los que participaba el pueblo llano de todas las edades. Los que estaban en un estrato social más alto, aparte de la celebración religiosa comunitaria, se organizaban bailes, juegos y fiestas en salones particulares, cofradías o casinos gremiales.

En las localidades con una mayor densidad de población se daba el caso de haber varios salones de baile, en los que necesitabas invitación expresa de un amigo o familiar para poder participar en la fiesta de la sociedad. Ahora, todos unidos, conforman la fiesta popular, con torreznadas, sardinadas y paellas en comandita, música y juegos para todos los gustos y públicos, es la globalización festiva.

Todo lo anterior dicho, está bien y aceptado por la población en general, nadie se molesta, a nadie molesta, sin embargo, hay algo que nadie quiere, es ser molestado, porque “algunos”, pocos más bien, alargan las fiestas mas allá de los horarios establecidos, cuando los ruidos –porque no son música- se prolongan casi hasta madrugada, entonces esto se transforma en malestar, desagrado, por lo que deja de ser festivo, quejas por música excesivamente alta, daños de unos pocos que confunden “la fiesta”, dando rienda suelta a sus instintos mas bajos, destrozar y mal usar lo ajeno, aunque todos sabemos que hay otros calificativos para esto.

La generalidad de los vecinos de cualquier población se quejan y por tanto, habrá de hacerse cumplir –aún en fiestas-, un horario, ¿misión de quien?, policía?, de quien otorga permisos?…

Un pensamiento en “Fiestas de hoy

  1. Hola, Eustasio
    Felicidades, por tu página: muy buena y «digerible». Como crítica, pero no a tí, es que lo capitalizas todo: porque los demás participamos poco. En fín, con la intención de una pequeña aportación, al asunto municipal, solo un comentario, breve y rápido.
    Y es en relación a la atonía municipal, varias veces comentada.
    Transcurridos, no ya los 100 días de cortesía, sino casi un año, podemos constatar, de una parte la absoluta debilidad de la oposición, prácticamente inexistente, y un Gobierno, igualmente pasivo, del que sabemos poco, posiblemente, porque no comunica, y ésto es cierto, y, quizás, porque no hace, y, si hace, no se nota
    Es cierto que una coalición, tan artificial, como la actual, hace muy difícil, realizar una buena gestión.
    Pero, justo esa complicada coexistencia, debería llevarles a un mayor esfuerzo de gestión, e, indudablemente, de comunicación.
    Es cierto que, tampoco, les ayuda la actual situación de escasez financiera.
    Pero, también es verdad que, en estas circunstancias, es cuando se ve a los buenos gestores.
    ¿Los hay en el equipo de gobierno?
    Han de demostrarlo, y ya ha pasado un año.
    ¿Hay buenos gobernantes?. Se demuestra gobernando, no nombrando comisiones populistas, que quitan problemas, pero que no los resuelven.
    Gobernar es asumir responsabilidades, decidir, y hacer.
    Seguimos esperando que se haga.
    El tiempo pasa muy rápido: ya, un año.
    ¿Cuál ers el resumen de la acción de gobierno, del primer año?
    Hasta la próxima, Eustasio
    Procuraré participar, contigo más.

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