FIESTA DE SANTA ÁGUEDA, MATAELPINO

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El día 5 de febrero, es el día de las Águedas en Mataelpino, como popularmente se conoce a esta festividad, es un día en el que según dice la tradición, «mandan las mujeres». Ellas son las protagonistas de la Fiesta junto con la Santa Patrona. Se reúnen las mujeres del pueblo y las de los pueblos cercanos para comer juntas y ejercer de matriarcas siendo ésta una espléndida ocasión de estrechar lazos entre familias y pueblos. En Mataelpino hay diana floreada, procesión, misa, comida y, por la noche, fiesta en la plaza del pueblo.

La advocación del templo debió cambiar, sin duda, después del año 1787, ya que según informes del señor cura párroco D. Pedro Gregorio de Castejón (1787) el anejo de Mataelpino tenía su parroquia bajo la advocación de San Sebastián, al igual que la Parroquia de El Boalo, siendo en la actualidad su patrona Santa Águeda. El mismo sacerdote hacía referencia en 1787 a los libros de fábrica que había entonces en el archivo, que según él, tenían una antigüedad de doscientos años. Esta información hace suponer que hubo un templo primitivo en Mataelpino cuya construcción podía remontarse a finales del siglo XVI. De esta construcción no queda resto alguno.

Virgen y Mártir
Patrona de las enfermeras
Etimológicamente Águeda significa “la buena, la virtuosa”. Viene de la lengua griega.
Para empezar a rememorar a esta joven, nada mejor que acudir a un himno latino que dice así:»Oh Águeda: tu corazón era tan fuerte que logró aguantar que el pecho fuera destrozado machetazos y tu intercesión es tan poderosa, que los que te invocan cuando huyen al estallar el volcán Etna, se logran librar del fuego y de la lava ardiente, y los que te rezan, logran apagar el fuego de la concupiscencia».
Nació esta chica singular en Catania, más o menos sobre el año 230.
Una de las claves de su existencia fue mantener la castidad por amor a Dios. Y tuvo sus dificultades. Una de ellas fue que el mismo gobernador Quinciano se enamoró locamente de sus encantos femeninos.
Cuando la sometía a peligros, solía repetir las palabras del Salmo: «Señor Dios: defiéndeme como a las pupilas de tus ojos. A la sombra de tus alas escóndeme de los malvados que me atacan, de los enemigos que me asaltan». El jefe quería seducirla. Comenzó por arrancarle el pecho, pero quedó curada al instante.
Fue una sorpresa para el gobernador. «¿Quién te ha curado? Y Águeda respondió: He sido curada por el poder de Jesucristo». No te atrevas a nombrar a Cristo ante mi presencia. Está prohibido.
Y la bella joven le contestó: «Yo no puedo dejar de hablar de Aquel a quien más tiernamente amo en mi corazón».
La envió a la hoguera. Y dicen que mientras su cuerpo virgen se quemaba, repetía: «Oh Señor, Creador mío; gracias porque desde la cuna me has protegido siempre. Gracias porque me has apartado del amor a lo mundano y de lo que es malo y dañino. Gracias por la paciencia que me has concedido para sufrir. Recibe ahora en tus brazos mi alma”.
Murió el 5 de febrero del año 251.

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